A mi hija se le cayó un diente el sábado por la mañana. Una pala, poca broma, que llevaba semanas bailando.
Con la excusa del tema, le pregunté si le apetecía hacer un juego del Ratoncito Pérez «con el ordenador». Se me ocurrió pedirle a Claude montar un juego de laberinto donde el ratón tuviera que llegar hasta el diente, con el mismo ambiente de noche mágica que tiene toda esta liturgia para ella (y para cualquier niño).
Cómo empezó
La herramienta que usé fue Claude Code, mi preferido últimamente y con el que trabajo ya en muchos otros proyectos. Le expliqué la idea en dos frases y le pedí que propusiera tres diseños visuales distintos antes de comprometerse con ninguno.
He comprobado que usar html para hacer este tipo de validaciones es tremendamente visual y a la vez interactivo, cuando la ocasión lo requiere (no en este caso)
Las opciones fueron: cuento de hadas (fondo morado oscuro con estrellas, ratón con varita), pixel art retro estilo arcade y noche neon. El pixel art era precioso pero frío. El neon demasiado para una niña de seis años. La versión de cuento de hadas tenía exactamente lo que tenía en la cabeza.
La primera reacción de mi hija al verlo: «Papá, ¿ese ratón tiene varita?». XD

Las partes que importan
Un juego sin dificultad no es un juego, es una animación. Fui añadiendo capas una a una, viendo cómo reaccionaba ella en cada versión.
El laberinto base. El ratón se mueve con las flechas del teclado, hay paredes que no puedes cruzar y un diente dorado al final que es la meta. El laberinto se genera solo cada vez, así que nunca es igual.
Los dientes coleccionables. Aparecen repartidos por el laberinto. Recogerlos da puntos y hace sonar un acorde alegre. Si llegas a la meta habiéndolos recogido todos, hay bonus. Aquí mi hija empezó a tener estrategia (y a picarse).
Los niveles. El laberinto crece con cada nivel superado: más filas, más columnas, más dientes. Empieza siendo manejable y acaba siendo un enredo que a mí ya me cuesta.
Los tres corazones. El momento en que el juego se volvió de verdad interesante. Cada vez que el ratón choca con una pared, pierdes un corazón. A cero, el nivel se reinicia. Añadí un sonido de decepción que ella considera muy gracioso.
El botón de reiniciar. Cuando pierdes los tres corazones en el nivel 7 y no quieres volver al 1, el botón ↺ en la esquina es la salida de emergencia. Lo malo es que Claude lo programó justo al revés: reset te reinicia del todo el juego, perdiendo los niveles, con la frustación que eso conlleva jeje.
Lo que me sorprendió (pero ya cada vez menos)
Nunca tardé más de un minuto en ver el resultado de cada idea. Le decía lo que quería, se construía, yo lo probaba con mi hija inmediatamente. Si algo no funcionaba, volvíamos y lo corregíamos.
Las decisiones estéticas fueron mías del todo. La IA propuso opciones, yo elegí. El morado oscuro, las estrellas, la varita del ratón, los corazones rojos arriba: fuimos validando todo. Son elecciones que tomé pensando en lo que a ella le iba a gustar, y eso hace que el juego se sienta mío de una manera que no esperaba.
Puedes probarlo en https://javierferraz.com/ratoncito-perez/



